La historia detrás de M.I.U — Cómo un dibujo de Matías cambió todo
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LA HISTORIA DETRÁS DE M.I.U
Cómo un dibujo de Matías cambió todo
Somos una familia venezolana. Hace cuatro años llegamos a Estados Unidos buscando un nuevo comienzo. Pero esta historia no comienza aquí. Comienza mucho antes, en Venezuela, con dos niños, desde pequeños nos llenaban el corazón, Matías e Ignacio.
Matías, desde que empezó a hablar, siempre hablaba de Dios. No como un niño cualquiera. Hablaba de Dios como si conociera una verdad que los adultos habíamos olvidado. Decía que Dios está sobre todas las cosas. Y lo decía con una seguridad que nos sorprendía. A su mamá, a mí, a todos. De verdad eso me llamaba mucho la atención.
CUANDO LLEGAMOS A ESTADOS UNIDOS
Matías e Ignacio, pasaron por varias escuelas. Su mamá siempre buscaba las mejores opciones. Ella es más practicante de la fe católica que yo. Cuando encontró la oportunidad de inscribirlos en una escuela católica, no lo pensó dos veces.
En esa escuela la fe está presente en todas partes. Los preparan para la primera comunión. Hay misas. Los valores católicos no son solo palabras — están vivos en el día a día. Ignacio y Matías encajaban perfecto ahí.
Un día Matías llegó a casa con un dibujo. Lo había hecho en la escuela. Era Jesús crucificado. Pero no era un dibujo cualquiera. Lo pintó con colores, muchos colores. Quedó hermoso. Su mamá lo puso en la peinadora. Y ahí se quedó.
EL MOMENTO QUE CAMBIÓ TODO
La vida tiene sus propios ritmos. Sus propios caminos. Y a veces esos caminos nos llevan a lugares que no esperábamos.
La mamá de los niños y yo decidimos que ya no podíamos seguir juntos. No voy a entrar en detalles. Lo que importa es que fue un momento muy difícil en mi vida. Verme separado de mis hijos, sin poder verlos todos los días, fue algo que me quebró como persona.
Y sé que cualquier papá que esté leyendo esto en este momento sabe exactamente de qué estoy hablando. Porque hay cosas pequeñas que uno no sabe cuánto valen, hasta que las pierde.
Pero esa ruptura me acercó a Dios de una manera que nunca imaginé. Me acercó a la iglesia. Y me enseñó el valor real de la familia. Mi perspectiva como papá dio un giro gigantesco. Vi a mis hijos de otra manera. Y empecé a entender que lo que estaban viviendo era algo que no quería que ningún otro niño experimentara.
Porque la realidad es esta: cuando una familia se rompe, todos sufren. Papá y mamá sufren. Y los más afectados son los niños. Porque ellos lo sienten de una manera diferente. Lo ven desde otro mundo, desde otra perspectiva. Lo perciben, lo cargan, lo hacen suyo. Y eso los afecta profundamente, mucho más de lo que pensamos o creemos.
No es lo mismo saberlo que vivirlo. Porque hay muchos adultos que saben, que en una separación los niños sufren. Pero una cosa es saberlo. Otra cosa es vivirlo. Y otra cosa muy diferente es verlo en la cara y en los ojos de tus propios hijos.
LA IDEA NACE
Estaba pensando en todo esto cuando hablé con mi mamá, la abuela de los niños. Salió el tema del dibujo de Matías. El que estaba en la peinadora. Y ella dijo algo que me quedó dando vueltas:
"Ese dibujo es tan bonito. Deberías mandarlo a estampar en una camisa. Los niños podrían usarla."
Y en ese momento algo hizo clic en mi cabeza.
Se me vino a la mente estampar el dibujo de Matías. Pero la manera en que quería promocionarlo y hacerlo ver era con este mensaje que estoy transmitiendo acá, la unión familiar, la fe, los momentos que no se repiten.
Era la oportunidad de crear algo que llevara un mensaje. Algo que tocara el corazón de las familias. Algo que les recordará a los padres que la familia es la base de todo. Que hay que luchar por ella.
Porque hay momentos donde ya no hay vuelta atrás. Donde ya no queda nada que salvar. Y eso hay que aceptarlo de la mejor manera posible. Se hizo el esfuerzo, se buscó la manera de resolver y si no se pudo, está bien.
Pero el mensaje que quiero transmitir es este: ¿por qué esperar hasta el último momento? ¿Por qué dejar que los problemas crezcan como una bola de nieve hasta que ya no tengan solución?
La comunicación y la empatía son clave en una relación. Ponerse en los zapatos del otro. Buscar entender lo que siente, lo que vive, lo que carga. Porque nadie adivina lo que el otro está pensando si no lo dice, si no lo transmite. Hay que hablar. Hay que escuchar. Y hay que dejar el orgullo a un lado.
Es importante que el más consciente tome la iniciativa. Porque sabemos que hay momentos difíciles donde ninguno quiere ceder. Pero también entendemos algo que la vida nos enseña tarde o temprano: hay personas que llegan a nuestra vida para quedarse. Y hay personas que llegan para enseñarnos algo y partir. Eso también está bien. No todo lo podemos cambiar.
Pero sí hay familias que tienen una oportunidad real de rescatarse. Papás y mamás que pueden salvar lo que tienen. Pero muchas veces el orgullo de uno solo, o de los dos, es lo que deja que todo se rompa. Ese orgullo que dice "yo no cedo primero." Esa terquedad que destruye lo que podría haberse salvado.
Y ahí es exactamente donde queremos llegar con este mensaje. Queremos crear conciencia. Despertar algo. Hacer clic en la mente y en el corazón de papá y de mamá antes de que sea demasiado tarde.
LA MISIÓN SE DEFINE
Empecé a trabajar con los niños. Les conté la idea. Ellos me dieron sugerencias. Y poco a poco quedó claro lo que queríamos hacer.
No era solo vender ropa.
Era recordar a las familias que todavía están a tiempo. Que los momentos que estamos viviendo hoy con nuestros hijos no se repiten. Que la presencia, la verdadera presencia, es el lujo más grande que existe.
Y decidimos que el 10% de todas nuestras ganancias iría a familias que lo necesitan. No por caridad. Sino porque Dios pone a esas personas en nuestro camino. Y nosotros tenemos la responsabilidad de ayudar.
Así nació M.I.U.
¿POR QUÉ M.I.U?
Buscaba un nombre corto. Fácil de pronunciar. Que quedara grabado en la mente de la gente.
Matías. Ignacio. Urbina.
M.I.U.
Son mis hijos. Son ellos quienes le dan sentido a todo esto.
ESTO ES LO QUE QUEREMOS DECIRTE
A los papás: cuiden a su familia. Sí, habrá días tormentosos. Habrá días donde no quieren saber nada de nadie. Donde les provoca rendirse y salir corriendo.
Pero aquí está la verdad que la vida me enseñó: ese amor inicial, ese romanticismo, esa energía del comienzo, sí cambia con los años. Baja la intensidad. Ya no es lo mismo. Y esa es la realidad.
Pero nunca olviden el valor de la persona que está a su lado. Recuerden cómo fue el inicio. Recuerden el esfuerzo que esa persona ha hecho y sigue haciendo cada día. Nunca lo den por sentado. Porque en medio del día a día, del trabajo, del cansancio, los dos terminan descuidándose. Y a veces ese descuido se convierte en indiferencia. Y la indiferencia duele más que cualquier pelea.
Elijan a esa persona. No solo cuando todo está bien. Elíjanla también cuando es difícil. Eso es lo que significa el amor real — elegir, cada día, a quien eligieron desde el principio.
Ataquen los problemas al momento. No se vayan a dormir molestos. No pasen días en silencio acumulando resentimiento. Hablen. Con empatía. Sin orgullo. Y recuerden que lo más importante no es tener la razón, es no perder a la familia.
Sus hijos están mirando. Todo lo que hacen, todo lo que dicen, la manera en que se tratan el uno al otro, eso es lo que sus hijos están aprendiendo. Y cuando crezcan y quieran formar su propio hogar, van a replicar lo que vieron en casa. Lo que papá y mamá les mostraron cada día. Esa es la herencia más grande que pueden dejarles. No es dinero. No son cosas. Es el ejemplo de una familia que se amó, se respetó y no se rindió.
LA FE ES LA BASE
No quiero que M.I.U sea una marca religiosa. Quiero que sea una marca de fe. Porque hay muchas religiones — especialmente aquí en Estados Unidos. Pero todas tienen a un ser supremo. Y todas convergen en el mismo mensaje: Dios sobre todas las cosas.
Fe. Familia. Unión. Valores. Respeto.
Los momentos que no se repiten. — M.I.U
Todo eso depende de papá y mamá.
Con cariño,
Papá
Fundador de M.I.U — Papá de Ignacio y Matías